· Publicado originalmente en LinkedIn

A mi abuela la trato como a un cliente con el que quiero cerrar un negocio

A mi abuela la trato como a un cliente con el que quiero cerrar un negocio

Y no por estrategia, porque entendí que acompañar, muchas veces, es adaptarse.

Hace unos días la llevé a Mar del Plata.
Ya no puede viajar sola.
Tiene su departamento allá, pero no quiere que me quede con ella.

“Si vos estás, te tengo que atender.”
“Y si estoy sola, duermo hasta el mediodía.”

Así que me alquilo un hotel o un departamento cerca.
La paso a buscar, vamos a cenar, a pasear.
Le cambio lamparitas. Le bajo cosas del placard. Le arreglo la cortina del baño.

Compartimos lo justo. A su manera.

Le cuesta subir a la camioneta.
Le da vergüenza lo que tarda, todos los movimientos que tiene que hacer.
Para este viaje, le hice un banquito.

No me lo pidió.
Pero me puse en su lugar.
Y eso lo cambió todo.

💡 Me di cuenta de que con ella hago lo mismo que con un cliente que realmente me importa:

✔️ Escucho sin interrumpir.
✔️ Me adapto a su ritmo, no al mío.
✔️ Le doy valor sin imponer condiciones.
✔️ Le creo un entorno donde se sienta cómoda.

No es una técnica de ventas.
Es algo más profundo:
respetar al otro en sus tiempos, en sus formas, en su humanidad.

Porque vender no es convencer.
Es cuidar.
Es hacer sentir bien.
Es ayudar a que el otro pueda subir, sin miedo y a su manera.

Y si eso no es cerrar bien un trato...
entonces no sé qué es.

PD: Se llama Mirta. Tiene 76 años.
No le gusta que la esperen, ni que le digan qué hacer, ni que la ayuden sin permiso.
Pero sí: le gusta Mar del Plata, el vino tinto dulce... y Leo Dan.

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